domingo, junio 12, 2005

Welcome home, Benedicta.

Yo siempre quise tener un maniquí para vestirlo de Village People.
Como un milagro del destino, frente a la pronto en bancarrota nueva tienda de manga, la Chipirón y yo encontramos nuestra inspiración de tarde. Una despreocupada mujer había decidido desprenderse -eufemismo frente a pseudo-reciclaje en contenedores- de dos maravillosos bustos de madera montados en metal.
Sufriendo los 38º generales, mi heroica fortachona y yo nos decidimos a entretener a los moradores de la en frente tienda de cómics, levantando la tapa del contenedor (yo) y rebuscando limpiamente (ella) nuestras respectivas perchas artísticas. El dependiente salió al rato a ofrecernos papel de cocina -material imprescindible en su tienda, digo yo- para que nos limpiáramos la mierda que los maniquíes, que por algo habían sido desechados, tenían por todo lo alto.
Mi busto no tiene percha. No se mantiene de pie. La Chipirón me ha timado, y yo sin base no puedo decorarlo. Es más, sin base no cabe en mi cuarto. Mis estanterías no pueden condensarse más para ofrecerle a Benedicta -la maniquí de madera de nogal lacada- un fresquito sitio.

Aún así, Benedicta no quedará como una desgraciada huérfana. Yo te acojo, preciosa, y en mi cuarto morarás.

Yo siempre quise montar una tienda de cómics para hacerle la competencia al CAD (a.k.a. Cabrón de Ala Delta). Pero lo mío con mi mastercard es una felicidad verdaderamente gris. Al fin consigo una tarjeta en condiciones y no tengo saldo para triunfar en mis deseos. Incluso mis compras por Ebay son de una pobreza extrema. Comienzo a plantearme seriamente un atraco a las jubiladas compradoras de lonchas de salami.



Publicar un comentario
Powered for Blogger by Blogger Templates