viernes, junio 03, 2005
V.O.
Y es que hay cosas que no se comprenden. Llevo años maldiciendo a los graciosos que españolizaron a mi vicioso Beetlejuice para convertirlo en Bitelchús. No podían dejar el título original, claro. Se ve que en aquel entonces no tan lejano los españoles nos tratábamos como los ignorantes de la vida que seguimos considerándonos. Los traductores de títulos necesitan unas vacaciones para conocer el sucio mundo de la triste igualdad extranjera que en tan alto estima tienen, bien conocidos son los ánimos con los que defendemos a nuestro país frente oidos ajenos. Aún así, siguiendo el ejemplo de Kaizo, mucho se han embellecido los títulos de muchas de las películas extranjeras. No hay más que recordar la mítica saga de "Tiburón". Yo comprendo que "Mandíbulas" no quedaba tan espectacular y sonoro, no habría vendido. Puedo comprender también que "Working girl" sea "Armas de mujer" y no "Mujer trabajadora", que poco llamativo y tan burdo queda. Sin embargo, no soy capaz de perdonar los desfases de los tiempos en que los joviales muchachotes traductores se dedicaban a joder la marrana con sua invenciones artísticas. Ejemplos:
The sound of music - Sonrisas y lágrimas (Al haber nazis de por medio se sentían obligados a advertirnos)
The haunted house - La guarida (Pues eso, la guarida, faltaba más)
Sleepless in Seattle - Algo para recordar (Está clarísimo)
Breakfast at Tiffany's - Desayuno con diamantes (Por si no estamos lo suficientemente americanizados como para obviarlo)
The chase - La jauría humana (Embellecido hasta el límite, nos gusta introducir el contenido artísticamente)
Legally blonde - Una rubia muy legal (Es legal porque estudia derecho, nos dan a entender. Qué arte)
Zombies party - Shaun of the dead (¿Acaso no es más fiel y gracioso jugar con "Shaun de los muertos"?)
Cierto es que muchas películas se han dejado con su título original, no vengo a quejarme tanto como esperais. Y los últimos estrenos son casi todos en su original, amor de traductores. No quiero ni imaginarme la delicia de cartel que habrían conseguido divirtiéndose con "Lost in translation". Podríamos haber sufrido la creatividad de "Dos extraños en Tokio" o "Perdidos en Tokio", o "Dos americanos en Japón", o "Lo que en Tokio se quedó". Eso sí, aún nadie se atreve a traducir al Español "Hardball" y "Cocoon". Yo tuve la ilusión de que algún gracioso hundiera al pelotas duras de Keanu en su triste papel de entrenador del empalagoso Harlem infantil basado en hechos reales.
¿Odio estival? ¿Enfado incomprensible? Yo nací para criticar todo lo criticable de forma nada constructiva.
Y aún sigo esperando leer "Granja animal" y no ese patético título cinematográfico sin venir a cuento. Orwell, en España no te quieren. Pero esa es otra historia, y ahora me ire a merendar tan ricamente mi manteca de cacahuete, como manda la tradición.
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The sound of music - Sonrisas y lágrimas (Al haber nazis de por medio se sentían obligados a advertirnos)
The haunted house - La guarida (Pues eso, la guarida, faltaba más)
Sleepless in Seattle - Algo para recordar (Está clarísimo)
Breakfast at Tiffany's - Desayuno con diamantes (Por si no estamos lo suficientemente americanizados como para obviarlo)
The chase - La jauría humana (Embellecido hasta el límite, nos gusta introducir el contenido artísticamente)
Legally blonde - Una rubia muy legal (Es legal porque estudia derecho, nos dan a entender. Qué arte)
Zombies party - Shaun of the dead (¿Acaso no es más fiel y gracioso jugar con "Shaun de los muertos"?)
Cierto es que muchas películas se han dejado con su título original, no vengo a quejarme tanto como esperais. Y los últimos estrenos son casi todos en su original, amor de traductores. No quiero ni imaginarme la delicia de cartel que habrían conseguido divirtiéndose con "Lost in translation". Podríamos haber sufrido la creatividad de "Dos extraños en Tokio" o "Perdidos en Tokio", o "Dos americanos en Japón", o "Lo que en Tokio se quedó". Eso sí, aún nadie se atreve a traducir al Español "Hardball" y "Cocoon". Yo tuve la ilusión de que algún gracioso hundiera al pelotas duras de Keanu en su triste papel de entrenador del empalagoso Harlem infantil basado en hechos reales.
¿Odio estival? ¿Enfado incomprensible? Yo nací para criticar todo lo criticable de forma nada constructiva.
Y aún sigo esperando leer "Granja animal" y no ese patético título cinematográfico sin venir a cuento. Orwell, en España no te quieren. Pero esa es otra historia, y ahora me ire a merendar tan ricamente mi manteca de cacahuete, como manda la tradición.
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